Buscar
22:34h. domingo, 09 de agosto de 2020

UNA REFLEXIÓN ANTE LA BELLEZA DEL MUNDO

Crónica de un amanecer

Emana una luz aterciopelada del horizonte acariciando con timidez a las estrellas rezagadas. Gobierna aún el satélite creciente que bosteza mientras vuelan, a miles de kilómetros de su posición y unidas en mi mirada, tres gaviotas excursionistas.


 

Las nubes se ruborizan ante los besos de buenos días de un sol intrigante que se hace de rogar. Cruzan el paisaje las aves sobre una gama exuberante de colores en el mar, del magenta al cian, construyendo los cimientos del lienzo.

Comienza a rugir un vigoroso amarillo que continúa siendo tenue por orden del tiempo, reclamando su legítimo dominio diurno desde la distancia de un mar sin rumbo. Transcurre ajena a la escena la noche al este del litoral, donde ya pocas estrellas reclaman unas miradas que agudizan su extinción.

Una nube galopante oculta la luna como si fuese consciente del movimiento de rotación, pero se esparce en dos segundos impelida por el estoico astro, que continúa velando por la seguridad visual de los primeros caminantes. Aumenta su intensidad la estrella y se aprecian con claridad las edificaciones, así como algunas regiones montañosas próximas a la costa.

 

amanecer-686-xl

Me alejo unos metros del mundo para aproximarme a la fuente de la naturaleza, donde las impetuosas olas acallan un silencio crepuscular. Se erige ante mí una formación gaseosa de tonalidades ahora grises, vestida por la primera luz del alba.

Una bandada de gaviotas dibuja trayectorias ociosas, meciéndose sobre la textura de un gélido aire que las impulsa para volar sin esfuerzo. La luz se asoma con osadía completando dos tercios del cielo a través de sus partículas divinas. La luna solo conserva la fase en la que se encuentra, olvidando su volumen momentáneamente.

Subo a un trono de piedra que vive a siete metros del mar y asisto a la reproducción terrenal de un capítulo temporal prodigioso. Nuevas nubes aparecen en la infinita línea donde finaliza mi vista, rodeadas por un halo relumbrante de facciones arreboladas.

Las gaviotas se aproximan para supervisar mi escritura, aprobándola mediante su abandono acuciante mientras se dirigen a los edificios dormidos. Las palmeras ya son verdes y las farolas comienzan a perder la competición luminosa. El viento sacude mis extremidades y las hojas con un ímpetu inclemente.

descarga (2)

Algunas nubes son rojas, hermosas, adquiriendo el color en intervalos temporales dispares; otras quieren estallar de alegría con una tonalidad propia del magma. Un ser alado aterriza en picado sobre el agua bravía, encontrando su desayuno con maestría.

Todas las nubes son rosas y un foco fulgente, sin emisor aparente, se proyecta entre dos de ellas, cuya morfología ha quedado relegada a las dos dimensiones. La fuerza del violeta es radiante en las alturas y coloniza la parcela celestial. Mis ojos se cierran un instante para evitar el deslumbramiento por belleza; el sol nace.

Las aves sobrevuelan la playa, formando un remolino azaroso que se difumina en todas direcciones. Un esbozo de esfera aparece desde la recta limitante de las aguas. La bola de fuego desconcertante se yergue con una potencia desoladora; en diez segundos colinda la mitad de su cuerpo con el cielo que atisbo.

img_tayala_20190916-191059_imagenes_lv_terceros_llan_1_4_7_402559756-599-kPLI-U47402751947NnB-992x558@LaVanguardia-Web

Evita mi vista su imagen y solo de soslayo advierto cómo altera el orden de la panorámica, aportando una felicidad aplastante a organismos, mar, nubes y montañas; pues todos ellos, por cortesía y en señal de agradecimiento, muestran las galas con las que el destino quiso que recorrieran los caminos.

Los rayos primerizos parten las nubes en porciones intangibles, irreconocibles por el esplendor de la estrella que continúa su ascenso sin demora al lugar que le corresponde, alejada de la superficie terrestre para impartir la ley de una deidad asombrosa.

La revista no se hace responsable de la opinión de sus autores.

Deja tu comentario bajo este artículo. Nos interesa mucho tu opinión. 

Héctor Martínez González