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16:20h. Jueves, 05 de diciembre de 2019

¿HASTA DÓNDE LLEGA TU RESPONSABILIDAD?

El miedo

No podemos quejarnos de impotencia pues todos somos responsables de lo que acaece. 

Vivimos una carrera enloquecida a ninguna parte en tanto el mundo alrededor nuestro se desmorona.  Los mares están tan contaminados y con tantos plásticos que la vida marina se encuentra en grave peligro de extinción.  Ya   casi no se pesca, se cultivan peces en condiciones espantosas que son atiborrados de antibióticos. Comemos carne a mansalva mientras cuidamos con mimo de nuestros animales de compañía a los que damos de comer carne.  Los bosques son quemados impunemente para enriquecer a unos cuantos. 

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La Amazonia, pulmón verde de la tierra, ha sido incendiada por intereses ilegítimos y criminales.  Quieren convertirla en grandes campos de monocultivo, y a esos intereses del lucro inmediato les importa un bledo toda la vida que desaparece en esos incendios, y todos esos indígenas que se quedan sin el hábitat de sus ancestros, tampoco interesan todos los avances de la medicina que tienen su raíz y descubrimiento en esos hábitats.

 

África no encuentra la paz porque a las potencias que la colonizan les conviene que haya guerras para así poder espoliar todas sus materias primas. El gigante asiático se pelea con los Estados Unidos por su preponderancia en el mundo. 

Entretanto Europa, cada día mas colapsada e invadida por todos los desposeídos, se interna en intereses mezquinos, mira para otro lado, y continua su carrera de consumo desenfrenado. 

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Y mientras las ONG predican en el desierto de nuestros corazones, secos porque hemos descubierto que muchas de esas ONG son en realidad empresas encubiertas que solo buscan el beneficio propio, nuestro planeta colapsa y el tercer mundo sufre una injusticia imperdonable.

No podemos quejarnos de impotencia pues todos somos responsables de lo que acaece.  Lo somos cuando votamos o no votamos a nuestros representantes, lo somos cuando les consentimos lo que no debemos, y lo somos también cuando consumimos con total desenfreno e irresponsabilidad. 

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La consecuencia de ese insensato comportamiento es el miedo; un miedo atroz ante un planeta que ya no es seguro, y ante un cambio climático que se acelera y produce cada vez mayores destrozos.  Ahora bien, para calmar la ansiedad que nos produce ese desastre a nivel planetario dilapidamos nuestros recursos y nos alienamos con todo aquello que nos distrae de forma ficticia.  Olvidamos que solo una reflexión que nos conduzca a responsabilizarnos de lo que está sucediendo, y el actuar en consecuencia, cada cual, desde su propia realidad, puede paliar ese miedo.   

¿Qué pensáis sobre lo que propongo?

Cristina Martínez Martín

La revista no se hace responsable de la opinión de sus autores.

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