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15:38h. Jueves, 05 de diciembre de 2019

NO TODOS TIENEN UNAS BUENAS CONDICIONES DE VIDA

¿Derecho a la vida...?

La globalización no debería sacar pecho en internet, sino en el bienestar social. 

Presumimos de garantizar una serie de derechos fundamentales inherentes a la especie. El más elemental de todos ellos es el derecho a la vida. Según este derecho, todos los seres humanos tienen la libertad de desarrollarse, vivir en paz y tomar sus propias decisiones. Pero, ¿qué ocurre cuando el principio fundamental no se cumple? La muerte entra en escena prematuramente.

 

Veinticinco mil personas mueren cada año de hambre o debido a situaciones de extrema pobreza. ¿Tienen ellos también derecho a la vida? Por crudo azar, tuvieron la mala dicha de nacer en países donde no se puede garantizar el más básico de los derechos, el más vital y humano. Es inasumible para nuestra raza que haya miles de personas muriendo año tras año de hambre. Debemos actuar ya.

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La riqueza mundial, lejos de estar distribuida con equidad y coherencia, lo hace de una manera muy curiosa: la mitad del dinero en el mundo está en manos del 1% de la población. Esto significa que los multimillonarios, personas que poseen varios hogares y todo lujo de caprichos, están reuniendo una ingente suma de dinero inútil para su supervivencia. No es admisible que haya familias con islas propias y otras luchando por conseguir agua limpia o un plato de comida.


El desequilibrio es tan caótico y letal, tan asfixiante, que priva de oxígeno a estas miles de personas, quienes continuarán muriendo mientras no lo impidamos. Debe pesar sobre nuestra conciencia, porque podemos evitarlo.

 

Creo que si hablamos de globalización debemos empezar a concebir que los países remen todos en la misma dirección social, al menos, para garantizar el derecho a la vida en cada rincón del planeta. El egoísmo y la ceguera que provoca la oscura ambición de acaparar dinero para satisfacer fines materiales, está destruyendo los valores y el alma de la sociedad. El planeta se consume con el cambio climático y la contaminación que generamos, pero no nos importa, porque nosotros no lo veremos perecer. Vivimos el presente de manera frívola e irresponsable.

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Nadie ha elegido venir al planeta Tierra. Aterrizamos sin billete de vuelta en un vuelo con turbulencias que nos continúan sacudiendo a través de guerras y contratiempos. Estoy convencido de que otra forma de vivir es posible. Damos por sentado que el capitalismo es incuestionable y satisfactorio, pero la desigualdad está alcanzando cotas devastadoras e inhumanas. Bancos y empresas miran su ombligo en busca de prosperidad y así son felices, con el incremento del beneficio. Cierran los ojos cuando se habla de hambre, enfermedades o desastres naturales, ya que no se ven en la obligación de actuar; no es su problema.

 

Considero que estamos en la responsabilidad moral de hacer algo por las personas que no pueden valerse por sí mismas en cuestiones tan acuciantes como la seguridad o la supervivencia. ¿Hasta cuándo vamos a continuar así? Los gobernantes deben trabajar unidos por los intereses de cada ser humano. La comida no se le puede negar a nadie, independientemente de su raza, personalidad o condición social. Nadie ha elegido nacer.

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No progresaremos como especie hasta que subsanemos este mal que tanto me abrasa, pues resulta ridículo creer que la humanidad avanza, que ya estamos en el futuro, cuando nos miran a los ojos decenas de miles de semejantes chillando auxilio, envueltos en conflictos bélicos y sociales. La globalización no debería sacar pecho en internet, sino en el bienestar social. Hagamos del mundo un hogar, establezcamos garantías justas y dignas para todos los hombres y mujeres que tienen la maravillosa fortuna de poblar este hermoso lugar.

 

No puedo evitar pensar en esos miles de anónimos, hambrientos y sedientos, que sucumben ante la tiranía de un sistema accionado por principios darwinianos. Lamentablemente, no solo sobrevive el más fuerte, sino también el más egoísta.

La revista no se hace responsable de la opinión de sus autores.

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Héctor Martínez González

Autor de "Una mujer en mis sueños" y "Una familia insólita".