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15:31h. Lunes, 19 de Noviembre de 2018

Esos hombres hechos y bien sazonados

Los hombres maduros (Leer más)

Llevo un tiempo pensando que leo muchas historias románticas cuyos protagonistas son siempre jóvenes. Yo misma también he escrito novelas en las que los personajes son jóvenes treintañeros. 

Parece que esto, y las novelas chick lit, están más en la línea de lo que quieren las editoriales. Supongo que después de valorar lo que más se vende, han llegado a la conclusión de que son ese tipo de protagonistas y de historias lo que gusta a las lectoras. Así tenemos un montón de historias con personajes jovencísimos que llevan una vida de adultos triunfadores imposible a esa edad.   

Por eso yo, he empezado a decantarme por esos personajes bien sazonados que cuentan historias un tanto más contundentes, aunque parece que sorprende que personajes que rondan la cincuentena tengan sexo, como si las historias de amor eróticas sólo pudieran ocurrir entre gente joven.

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Por supuesto, los jóvenes son guapísimos y gozan de cuerpos de escándalo, por lo menos los de las novelas. La juventud es lo que tiene. Pero los maduritos, sin embargo, poseen ese atractivo cautivador y seductor del saber estar y del saber hacer, que a mí particularmente me resulta tan interesante.

Me cautivan las historias que cuentan esos hombres ya hechos, que han aprendido a tratar bien a las mujeres. Que saben cómo y dónde… Y a los que no hay que enseñar nada porque ya lo tienen bien aprendido.

Me «ponen» esos hombres maduros e inteligentes que saben amar de verdad, por eso no les importan las estrías, ni las arrugas, ni los muchos defectos que pueda tener la mujer, pues son conscientes de que también a ellos les ocurre lo mismo.

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Me diréis que, precisamente, son esos tipos maduros los que abandonan a sus parejas cambiándolas por jovencitas de buena planta y apariencia inocente. No voy a negar tal evidencia, pero quiero pensar que esto ocurre menos de lo que pueda parecer.

Seguramente la posición económica influye de manera fehaciente en este tipo de situaciones. Son en la gran mayoría de los casos, los hombres poderosos económicamente hablando, los que se dejan embaucar por la juventud de una nueva pareja, como si la juventud fuese algo que se pudiera contagiar, o comprar. Su empoderamiento social y económico los conduce a una suerte de ofuscación que les hace creer que esa joven mujer que llevan al lado, se ha enamorado completamente de ellos. Si se parasen a pensar con esa inteligencia que han demostrado durante toda su vida, la misma que los dirigió hasta conseguir el estatus y el poder que tienen, se darían cuenta de que lo que enamora a esas jóvenes es otra cosa…

Pero yo, me decanto por aquellos que comprenden que todas las imperfecciones que pueda tener su pareja no son más que los años incrustados en la piel y en la mente, y no querrán cambiar nada de ella, por el contrario, la apoyarán y la ayudarán a seguir creciendo y evolucionando, sabiendo que ellos mismos crecerán y evolucionarán a su lado. 

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Me decanto por los hombres que ofrecen su mano para caminar juntos. Los que tienen la capacidad de hacer reír, porque han aprendido a reírse de sí mismos. Los mismos a los que no les importa que vean sus lágrimas porque han descubierto que llorar es de valientes.

Me decanto por esos hombres que arriman el hombro para lo que haga falta, incluso para ofrecer consuelo.

Me decanto por esos hombres maduros que no sólo calientan, también saben dar calor cuando el frío arrecia…

Me decanto y doy mi voto de confianza a esos hombres hechos y bien sazonados, de mente despejada y lúcido intelecto, buenos amantes, mejores amigos y compañeros siempre. Por ellos, hoy va por ellos.

 

La revista no se hace responsable de la opinión de sus autores.

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Mencía Yano

http://www.menciayano.com