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12:06h. Domingo, 22 de Octubre de 2017

MOMENTOS ESTELARES DE LA HUMANIDAD II

Los arrestos de María Pita

Siempre ha habido mujeres que le han echado los arrestos suficientes a todo lo que se les puso por delante. 

María Pita
María Pita

Mujeres con el valor suficiente como para detener a ejércitos enteros, que no fueron capaces de doblegarlas sino con la muerte. Una de esas mujeres se ganó la inmortalidad hace más de 400 años, concretamente en 1589. Su nombre: María Pita.

La llamaban María Pita, aunque parece ser que su nombre real era Mayor Fernández de la Cámara y Pita. Parece, porque la cosa no está clara. Lo que sí está clara es que ella sola fue capaz de enardecer a los soldados acantonados en La Coruña para hacer detener a la inmensa flota capitaneada por el corsario Drake.

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Francisco Draque -Francis Drake para los hijos de la Gran Bretaña-, pirata por la gracia de la Reina Isabel I de Inglaterra y Sir, o sea, caballero -que no se nos olvide el detalle-, llegó a dicha ciudad con una armada de escándalo: cerca de 120 barcos y algo así como 24.000 hombres en total. Una armada compuesta por soldados, mercenarios y marineros. Lo mejor de cada casa, vamos. Credenciales suficientes como para poner los pelos como escarpias y algo más -situado entre las piernas masculinas- a cualquiera.

El propósito de tan temido corsario no era otro que hundir los buques que lograron sobrevivir al desastre de la Armada Invencible, ocurrido un año antes, y que se refugiaron en el puerto de la ciudad, y así evitar que los españoles volviésemos a las andadas. ¿Por qué La Coruña? Según parece -y sostienen reputados historiadores militares, como Cesáreo Fernández Muro-, porque los ingleses pensaban que allí se estaría preparando otra segunda armada con la que atacar las costas de Inglaterra. En lugar de los cerca de 200 barcos que -calculaban- hallarían en el puerto, sólo seis navíos con apenas 50 piezas de artillería. Y la guarnición militar, de chiste: poco más de 600 soldados profesionales más cuatro compañías de Milicia. Veintitantos mil traía Draque. ¿Es o no para ponerlos como escarpias?

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¿Qué decidió el amigo? Enviar a 10.000 de los suyos -lo mejor de cada casa, repito- con el fin de entrar en la ciudad. Los barcos que defendían la ciudad hicieron lo que pudieron, pero no evitaron que semejante ralea lograra su propósito. El Barrio de la Pescadería cedió, y en apenas dos días los ingleses volaron parte del muro de La Coruña ante la negativa -otra cosa no, pero tozudos, un rato- de sus habitantes a rendirse. Y la cosa pintaba mal no, lo siguiente: muro roto, diez mil tipos con ganas de jarana en el cuerpo. De risa, tía Felisa.

Y en éstas, con los ingleses arreando canela fina por donde pasaban y los coruñeses aguantando como podían y cómo no, también, apareció ella, María Pita, para gritar aquello que escribiría Galdós unos cuantos siglos después: que mientras hubiera una lengua viva, todavía se podría decir que La Coruña no se rinde, más o menos. Y así fue.

Cientos de mujeres se afanaron en llevar pan y agua a los defensores para que no abandonaran sus puestos. María Pita fue un paso más allá. Los ingleses la dejaron viuda -su marido fue uno de los defensores del muro-, pero no sin valentía. Se llevó por delante a un alférez, tan guapo y gallardo él, que no hacía más que ondear la bandera británica al viento para hacer ver que la plaza ya estaba conquistada, le quitó la bandera -unas fuentes dicen que le pegó una pedrada, otras que se lo cepilló con su mismísima espada- y animó a los suyos a seguir hasta el final. Hasta que no quedara lengua viva y tal.

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¿Cómo acabó la cosa? Con Francisco Draque volviendo por donde vino y sin dos barcos menos. Algún historiador inglés lo disculpa aduciendo que las tropas eran inexpertas y que, en el mar, los mejores, pero en tierra… Unos inútiles. Eso dicen. También se cuenta que, desde lo que quedaba de muro, María Pita puso de vuelta y media al tal Draque. Que lo esperaba si quería volver y esas cosas. Como para hacerlo.

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 Víctor Fernández Correas©

www.victorfernandezcorreas.com